¡Esto es lo que les hicieron a las mujeres italianas durante la Segunda Guerra Mundial!

¡Esto es lo que les hicieron a las mujeres italianas durante la Segunda Guerra Mundial!

ROMA — La liberación de Italia del yugo nazi esconde una de las páginas más oscuras y silenciadas de la Segunda Guerra Mundial: la violación sistemática de miles de mujeres italianas por parte de las tropas coloniales francesas tras la batalla de Montecasino.

Lo que debía ser el comienzo de la libertad se convirtió en una pesadilla inimaginable. Entre enero y mayo de 1944, los Aliados libraron cuatro sangrientas batallas contra las fuerzas alemanas en el centro de Italia, en un desesperado intento por romper la llamada Línea Gustav y liberar Roma. La victoria se logró, pero a un costo humano que los libros de historia oficiales trataron de enterrar durante décadas.

Fue un cuerpo de élite del ejército francés, compuesto en su mayoría por soldados coloniales marroquíes conocidos como “goumiers”, el que protagonizó la barbarie. Con la arenga de su comandante, el general Alphonse Juin, quien les prometió Cincuenta horas de libertad absoluta, estos hombres desataron una ola de violencia sexual, tortura y saqueo contra la población civil que pasaría a la historia como “marocchinate”.

MIENTRAS LOS ALIADOS AVANZABAN HACIA ROMA, LA POBLACIÓN CIVIL DE LOS PUEBLOS ALREDEDOR DE MONTECASINO SE CONVERTÍA EN VÍCTIMA DE QUIENES SUPUESTAMENTE HABÍAN LLEGADO A LIBERARLOS.

Los testimonios recogidos durante décadas describen escenas de una crueldad indescriptible. Mujeres, niñas e incluso ancianas fueron atacadas en grupo, sometidas a vejaciones repetidas durante horas y días. Se estima que más de 7.

000 civiles, incluidos niños, fueron agredidos sexualmente en la región conocida como Ciociaria.

Las cifras oficiales hablan de más de 20. 000 casos de agresión sexual denunciados, aunque los historiadores coinciden en que la cifra real podría superar los 60. 000.

Ningún pueblo quedó a salvo. En la localidad de Esperia, de 2. 500 habitantes, 700 mujeres fueron violadas.

Los sacerdotes que intentaron proteger a los más vulnerables fueron brutalmente torturados y asesinados.

El historiador británico Richard Lamb documentó cómo el general Juin se dirigió a sus tropas antes de la ofensiva final: “Si ganáis esta batalla, durante 50 horas seréis dueños absolutos de todo lo que podáis encontrar. Nadie os castigará por lo que hagáis”. Con esa carta blanca, la noche del 14 de mayo de 1944, los goumiers se lanzaron sobre los pueblos indefensos.

Los archivos militares secretos revelan que los ataques no se limitaban a las mujeres. hombres que intentaban defender a sus familias fueron castrados y asesinados. Niños de apenas seis años fueron víctimas de abusos.

En el pueblo de Pico, dos hermanas fueron crucificadas en una plaza pública mientras su familia observaba sin poder hacer nada. Un párroco, don Alberto Terrilli, fue violado y asesinado por intentar salvar a dos niñas de seis y nueve años.

LA CRUELDAD ERA TAN EXTREMA QUE INCLUSO LOS SOLDADOS ALIADOS DE OTRAS NACIONALIDADES QUEDARON HORRORIZADOS ANTE LO QUE PRESENCIABAN.

Un ametrallador estadounidense, Len Shabas, relató cómo escuchó los gritos de las mujeres en el pueblo de Esperia sin poder intervenir. Otros soldados describieron cómo los agresores rompían los dientes de sus víctimas a golpes para evitar ser mordidos. Las mutilaciones con la daga tradicional “jambia” eran habituales.

Los cadáveres aparecían empalados en las calles como escarmiento.

El saqueo acompañó a la violencia sexual. Las casas fueron desvalijadas sistemáticamente. quieren resistirse eran asesinados en el acto.

El pánico se apoderó de la región y los habitantes huyeron a las montañas, donde fueron igualmente perseguidos y atacados. La propia Cruz Roja Internacional ofreció ayuda al gobierno italiano, pero este se negó por temor a tensar las relaciones con Francia.

La cifra de concepciones no deseadas fue masiva. Se calcula que cerca de 400 bebés nacieron como resultado de estas violaciones y fueron enviados al orfanato de Bérioli, donde la mayoría creció sin conocer jamás la identidad de sus padres. Las infecciones de transmisión sexual se propagaron de manera alarmante, y solo la introducción de penicilina estadounidense evitó una epidemia devastadora.

El Papa Pío XII intervino personalmente ante el general Charles de Gaulle el 18 de junio de 1944, pidiendo medidas urgentes. Sin embargo, la respuesta fue tibia y tardía. Solo 300 marroquíes fueron procesados por los tribunales franceses un año después, y ninguno de los altos mandos que alentaron la barbarie rindió cuentas.

El general Juin nunca fue sancionado.

EL GOBIERNO FRANCÉS HA MANTENIDO DURANTE DÉCADAS UN SILENCIO CÓMPLICE SOBRE ESTOS CRÍMENES DE GUERRA.

Francia ha tratado sistemáticamente de presentar los hechos como excesos aislados de tropas coloniales, ignorando que ciudadanos franceses blancos participaron activamente en las agresiones. Documentos británicos desclasificados confirman que soldados franceses sin vínculos con el norte de África estuvieron implicados en innumerables violaciones y actos de tortura contra la población civil italiana.

Tuvieron que pasar 60 años para que se escuchara una disculpa pública. En noviembre de 2004, Ahmed Ben Rahal, presidente de una asociación de veteranos marroquíes, pidió perdón formalmente por lo ocurrido en Montecasino. Pero Francia, el país responsable del mando, jamás ha reconocido los hechos ni ha ofrecido compensación alguna a las víctimas.

MUCHAS DE LAS AFECTADAS NUNCA PUDIERON SUPERAR EL TRAUMA. Algunas terminaron en manicomios, otras se suicidaron. Las que decidieron hablar fueron señaladas por sus propias comunidades y cargaron con una doble vergüenza: la de haber sido violentadas y la de haber sobrevivido.

La mayoría guardó silencio durante toda su vida.

Investigaciones recientes sitúan en decenas de miles las personas directamente afectadas por esta ola de atrocidades, que se extendió del 14 al 18 de mayo de 1944. Se calcula que cerca de 10. 000 militares participaron de una u otra forma en los crímenes.

Los relatos describen a las tropas “seleccionando” primero a las mujeres más jóvenes y atractivas, para luego arremeter sin distinción contra ancianas e incluso niños.

LA BATALLA DE MONTECASINO FUE UNA VICTORIA MILITAR ALIADA, PERO SE CONVIRTIÓ EN UN SÍMBOLO DE LA MÁS ABSOLUTA DEGRADACIÓN HUMANA.

El historiador italiano Emiliano Ciotti, que ha dedicado años a estudiar el fenómeno, afirma que la marocchinate fue una guerra dentro de la guerra, una campaña de terror deliberadamente autorizada por los mandos militares franceses como recompensa a sus tropas. Los alemanes, paradójicamente, habían advertido a la población civil del peligro lanzando octavillas desde el aire que incitaban a huir antes de la llegada de los norteafricanos.

La llegada de los estadounidenses y la introducción de la penicilina frenaron la catástrofe sanitaria, pero no la impunidad. Los archivos del ejército francés permanecieron cerrados durante décadas. Fueron historiadores y activistas italianos quienes, a base de testimonios de sobrevivientes, reconstruyeron la verdad que los gobiernos querían ocultar.

Hoy, más de 80 años después, la comunidad internacional sigue esperando que Francia asuma su responsabilidad. Las heridas de Montecasino están lejos de sanar. Cada año, las autoridades italianas rinden homenaje a las víctimas de la marocchinate, pero la sombra de la impunidad sigue pesando sobre uno de los episodios más vergonzosos de la Segunda Guerra Mundial.

LOS CRÍMENES DE MONTECASINO NO PUEDEN SER OLVIDADOS NI PERDONADOS. La violencia sexual como arma de guerra sigue siendo una realidad en los conflictos actuales, y la historia de estas mujeres italianas es un recordatorio escalofriante de que la barbarie no conoce bandos ni fronteras. Los esfuerzos por ocultar la verdad han sido constantes, pero la memoria de las víctimas y el trabajo de los historiadores han logrado sacar a la luz lo que muchos querían enterrar.

El silencio es también una forma de complicidad. Y contra ese silencio, las voces de las sobrevivientes de Montecasino se alzaron para que el mundo supiera lo que realmente ocurrió en aquellos días de mayo de 1944, cuando los liberadores se convirtieron en verdugos y las mujeres italianas pagaron el precio más alto de una guerra que no era suya. La justicia tardó, pero la verdad, finalmente, ha salido a la luz.